Más microrelatos

Una profunda aventura

Nuestro amigo Jaime fue enviado a un campamento porque no era muy bueno en clase, cuando llegó se dio cuenta que se había equivocado de vuelo y se encontraba ante él

un gran tablero de ajedrez y al fondo una puerta cerrada.

Para poder abrir la puerta tenía que jugar, pero era malísimo y pensó que nunca saldría de allí. Partida tras partida se armó de confianza y finalmente derrotó haciendo jaque mate a las blancas. La puerta se abrió y llegó a un jardín, pensó que salir de aquel extraño lugar iba a ser pan comido pero de repente una ráfaga de aire lo arrastraba hacia atrás y no le dejaba avanzar hasta la salida del jardín, se llenó los bolsillos de tierra para hacerse aún más pesado, poco a poco fue avanzando a trompicones hasta llegar a un laberinto. Se le ocurrió la idea de ir vertiendo tierra hasta encontrar la salida, y finalmente funcionó. A lo lejos había una escalera y subió peldaño a peldaño, cuando llegó arriba había una puerta con un cartel que decía “Llámame y te abriré”.

Jaime no sabía cómo abrir la puerta, gritó varias veces llamando a la puerta e incluso la forcejeó, pero estaba seguro que iba a conseguirlo y que sería más fácil de lo que pensaba, ya no tenía miedos, entonces tocó la puerta varias veces, «Toc-toc» y la puerta se abrió, al igual que sus ojos.

Despertando en su cama, en la cual se percató que todo había sido un intenso y profundo sueño, hasta el instante que introdujo su mano en su bolsillo encontrando

restos de tierra…

Perdido en El Rincón Literario.

No sabía dónde me encontraba, caminé a pasos rápidos desorientado. Casi todo era blanco. ¿Pero cómo podría salir de ahí? Al cabo de unos minutos, llorando, vi algo a lo lejos, pero estaba tan lejos que se veía borroso. Una vez más empecé a caminar despacio pero sin pausa, pues la intriga me consumía y la esperanza a una nueva

salida me daba fuerzas. Después de un largo e intenso camino vi algo, era una montaña y la subí. En lo alto de esa montaña escuché una voz que me decía una y otra vez, que

debía encontrar el sentido, mientras que yo me preguntaba, a qué sentido se refería.

Más tarde empecé a ver unas estatuas muy grandes. Me subí a una de esas montañas blancas para ver que forma tenían. Pero de nuevo no conseguí nada, la imagen desapareció. Me acordé de algo, algo que seguro que me iba a ayudar a encontrar la salida. Por primera vez me atreví a abrir el libro de lengua que llevaba en la mochila. Me intenté acordar de todas las explicaciones del profesor pero nunca le presté atención,

así que no me acordaba. Pasé laúltima página y lo vi.

Me eché a correr y contento llegué a la montaña, cogí el libro de sociales busqué un mapa donde aparecían las orientaciones, de nuevo encontré las estatuas. Luego me acordé de las explicaciones de matemáticas y seguí uno por uno los

pasos y encontré el punto fijo y me di cuenta de que en él ponía <<El Rincón Literario>>. Entonces comprendí que estaba dentro del cartel que había en la clase del rincón literario.

Siguiendo los pasos de cada profesor pude salir de allí. Por primera vez me di cuenta de que aunque no me gusten esas asignaturas, gracias a ellas yo tenía sentido, el mundo tenía sentido, todo tenía sentido y comprendí que aquella voz era mi conciencia.